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La experiencia de empresas existentes y nuevas ideas para el negocio de transformación de madera con los aserraderos Wood-Mizer

El aserradero de cinta portátil de un farmacéutico produce 4 m3 de madera al día


El aserradero de cinta portátil de un farmacéutico produce 4 m3 de madera al día
En la cima de una montaña al sur de Francia se lleva a cabo una actividad privada silvicultural, forestal y de transformación de madera, que ha resistido a la sequía, a huracanes y a la paralización de la transformación de troncos gracias a la planificación del cultivo y la tala, así como al aserradero propio.

El propietario, Pierre Bremond, explota su bosque de 250 hectáreas de gran diversidad vegetal en los Alpes de Alta Provenza.

Consagrado a aprovechar adecuadamente sus cedros, robles y pinos salgareños, Pierre Bremond sierra él mismo los árboles de la mejor calidad y construye casas en árboles con tablas y cantos. En una meseta a 1.100 metros de altitud, las casas de los árboles se funden con el entorno.

En realidad, tiene una doble vida. Abajo, en la localidad de Banon, ejerce de farmacéutico y arriba, en la meseta, a 1.100 metros de altitud, se convierte en arboricultor, silvicultor, leñador y aserrador. Para llegar allí hace falta un 4x4 y en invierno no pueden faltar las botas de nieve. Puede que resulte difícil llegar al lugar, pero la recompensa es espectacular. Por ejemplo, ante él se extiende un paisaje magnífico que abarca las montañas del Luberon inclinándose sobre el Mediterráneo.

Fueron los padres de Pierre Bremond quienes compraron las 300 hectáreas de terreno sin explotar hace treinta años. Este estaba formado por tierras de labranza y bosques naturales donde predominaba el pino silvestre, el viejo roble y la haya. Pierre Bremond construyó su casa en este hermoso paraje, donde satisfizo su pasión por las setas y, sobre todo, el cuidado de los árboles.

Hace veinte años, cuando firmaron el primer plan sencillo de gestión, la familia Bremond pensó que podría producir madera a un coste razonable.

En una superficie de treinta hectáreas, que limpiaron previamente, plantaron cuarenta mil cedros, pegados unos a otros, para evitar el raleo prematuro y favorecer la poda natural. Pierre Bremond comenta:

"Creo que estamos siguiendo la estrategia correcta para producir buena madera, sobre todo cuando veo que hay un almacén de madera cerca de aquí con montones de troncos de cedros que han crecido mal y están llenos de nudos, lo que los hacen difíciles de serrar".

Asimismo, califica su método como un enfoque sensato por la rentabilidad que ofrecen los robles jóvenes:

"En realidad, los ebanistas de aquí no aprecian mucho este tipo de madera, porque tiende a torcerse en busca de luz. Sin embargo, su veteado posee una cualidad estética. Con el raleo adecuado, se pueden crear canales de luz para que los árboles crezcan rectos".

Aún así, reconoce que sus descendientes tendrán que esperar 150 años antes de poder talar los mejores árboles.

Es la satisfacción de explotar tus propios bosques
Pierre Bremond se llena de júbilo en la época de tala. Aunque el raleo es realizado por profesionales, su intención es disfrutar de la tala para su propio consumo. Para amueblar un estudio junto a su casa, necesitó tablas de roble de 45 mm. Por primera vez, serró tablas de un leño de roble de su propio bosque. Una vez terminada, la madera tenía un aspecto espléndido.

Esta fructífera experiencia le dio nuevas ideas. Desde el principio, la familia ha intentado destinar el capital suficiente a la conservación de sus caminos y sus bosques. Intentaron cultivar lavanda en el terreno de labranza, pero la mayoría se perdió en la sequía de 2003.

"En cuatro años pasamos de tener 800 kg de lavanda a no tener nada", afirma.

La necesidad de sustituir la lavanda fue lo que les llevo a las casas en los árboles. Se preguntaba por qué no construir casas en los árboles para los turistas que buscasen alojamientos originales. Su intención, en un principio, no era crear un negocio serio de casas en árboles, sino que lo veía como un modo de usar la madera madura o los árboles caídos por el huracán de 2007, que destruyó 60 metros cúbicos de sus pinos salgareños. Ahora, las magníficas casas en los árboles las monta un carpintero subcontratado.

Casas en los árboles muy confortables
El uso de sierras mecánicas se convirtió en algo tedioso y poco rentable, de modo que Pierre Bremond decidió subcontratar el serrado a un pequeño aserradero. Sin embargo, muy pronto cambió de idea por varias razones, entre otras, la falta de puntualidad, la relativa inflexibilidad y el considerable coste adicional que ello suponía. Afirma que:

"Hace algunos años, en un viaje de caza a Canadá, descubrí un aserradero de cinta portátil". Parecía la máquina perfecta para poder serrar él mismo la madera. Así que, a principios de 2009, compró un pequeño aserradero de cinta LT15 de Wood-Mizer con una descortezadora por 7.000 € más impuestos, adquiriendo otra habilidad silvicultora: ¡serrado de calidad profesional!

El LT15 es el segundo aserradero más pequeño dentro de la gama de aserraderos de cinta de Wood-Mizer. Puede equiparse con programación automática de corte para preconfigurar las dimensiones. Además, a veces incluye una moldeadora o garlopa, que permite fabricar vigas y tableros moldeados. Se puede remolcar hasta el bosque fácilmente para serrar los troncos allí mismo.

Pierre Bremond planta, cultiva, tala, arrastra y coloca su madera con la ayuda de un tractor con elevadora, con el que sierra hasta cuatro metros cúbicos al día. ¿Hay algo que no pueda hacer? Por el momento, subcontrata la construcción de sus casas en árboles a Arbat, un contratista de carpintería en Saint-Martin-les-Eaux. En una robleda de sus montañas se está construyendo un prototipo de 24 metros cuadrados.

Pierre Bremond montó él mismo la plataforma con su propio material: vigas de roble, columnas y entablados de cedro. La casa tiene un armazón de pino salgareño, revestimiento de cedro y tejado de cedro. Las paredes están aisladas con lana de celulosa y cubiertas por dentro con paneles de cedro. Las únicas especies "foráneas" están en los marcos de las ventanas, hechos de castaño, y en las pasaderas de la ducha, hechas de acacia. De hecho, las casas de los árboles respetan al 100 % el medio ambiente y se calientan con madera, y, algún día, aprovecharán la energía solar para generar electricidad.

La próxima temporada estarán listas las primeras casas para árboles. Parece inevitable que los amantes de los grandes paisajes disfruten alojándose en estas casas y hablando con el dueño.

Pierre Bremond es también un piloto aficionado (quién sabe de dónde saca el tiempo) y ha creado recientemente una pista de 800 metros de largo en la meseta para permitir el acceso a su pequeño paraíso a pequeños aviones privados.

Producir madera sin prisas
A sus 52 años, Pierre es sorprendentemente afortunado: podrá recoger los árboles que plantó hace más de veinte años con su primer plan de gestión.

"Entonces, tuve la suerte de conocer al que fue mi mentor, un representante del DDAF (Departamento Francés de Agricultura y Silvicultura).
"Con Bernard Tron aprendimos sobre la topografía y el suelo, creamos un programa de plantación e identificamos las especies que debíamos mejorar". El cedro del Atlas, con una extensión de 30 hectáreas, se consideró la especie dominante y se plantaron muy cerca unos de otros.

"Tiene un buen crecimiento y soporta duras condiciones climáticas. Además, ofrece una madera de buena calidad que no se rompe y resiste al doblarse", señala. El primer raleo estaba previsto para este año, pero lo van a posponer hasta que caigan las ramas inferiores.

"Hace veinte años, decidimos dejar a la naturaleza seguir su curso para ahorrar costes. Estamos siguiendo esa línea y en veinte o treinta años veremos si fue una decisión acertada. Esa es la fuerza de los bosques privados: entre las numerosas decisiones que toman los silvicultores, tiene que haber una forma relevante de gestión".

Las plantaciones se complementaron con pinos salgareños (20 %) y con una mezcla de especies: Douglasias verdes, alerces, tuyas, serbales, nogales y castaños. Actualmente, está intentando convertir 100 hectáreas de sotos en 100 hectáreas de gran calidad. Otras 100 hectáreas de sotos con suelos pobres han sido destinadas para leña, muy apreciada en estas altitudes.

Sacado de un artículo de Luc Léger,
en la influyente revista francesa de silvicultura, Forêts de France




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